Testamento de voluntad: una oda al origen de Rito 🧡
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No elegí trabajar con la idea de la muerte.
Elegí trabajar con la idea del legado, de la esencia.
Siempre he sentido la necesidad de ordenar lo que otros prefieren evitar.
No desde el miedo.
Desde la claridad.
Soy estratégica.
Me importa la estructura, la coherencia, el orden.
Pero también soy profundamente sensible.
Me importa el tono en que se dicen las cosas.
La forma en que se escribe un recuerdo.
La delicadeza con que se formula un deseo.
No dramatizo el final.
Lo ordeno.
Creo profundamente que anticiparse es un acto de amor.
Que dejar las cosas claras no es frialdad, es cuidado.
Que escribir lo que uno quiere, mientras todavía puede hacerlo con conciencia y lucidez, es una forma de proteger a quienes amamos.
Siempre he sentido que observo distinto.
Que me detengo donde otros pasan rápido.
Que pienso en lo que queda cuando ya no estamos.
Con el tiempo entendí que no es diferencia.
Es conciencia.
Me conmueve la idea de que alguien pueda atravesar un momento difícil con menos carga porque otro se atrevió a decidir antes.
Me conmueve el orden cuando nace del afecto.
Me conmueve la paz que trae una conversación honesta.
No vendo papeles.
Sostengo decisiones.
No trabajo desde la urgencia.
Trabajo desde la intención.
Rito no nació como un negocio.
Nació como la extensión natural de mi forma de estar en el mundo.
Mi manera de transformar conversaciones en estructura.
Emociones en palabras precisas.
Deseos en voluntad escrita.
Si voy a hablar del final, que sea con propósito.
Si voy a escribir un documento, que tenga alma.
Si voy a acompañar una decisión, que sea con respeto.
Eso soy.
Y desde ahí nació todo.